Bandas de música de Galicia – Enrique Alvarellos Iglesias

Autores: Enrique Iglesias Alvarellos
Editores: Lugo : Alvarellos, 1986
Ano de publicación: 1986
País: España
Idioma: español
ISBN: 84-85311-64-7


CAVENCA

Cerdedo (1 922-1 933)

Desde Cerdedo, se divisa perfectamente la parroquia de Cavencia, no más distante de dos Kilómetros. Allí fundó su banda, en 1 922, Ramón Lavandeira, y con él desapareció diez años más tarde, en 1 933, después de haber luchado en vano por hacerle la competencia a la de Cerdedo.

Lavandeira había sido músico de Infantería de Marina. Formó a unos cuantos músicos, que llegaron a tocar bastante afinados, pero sin salirse de las parroquias inmediatas. Un buen día se convenció de que en el arte no tenía gran futuro, y abandonó todo, no hubo más banda den Cavenca.

Dos de los componentes eran hijos del propio Lavandeira: Gerardo y José María Lavandeira. Antonio Balboa tocaba el fliscorno. Ismael Varela requinto; Antonio Troitiño, caja; Manuel Varela, bombardino… y otros dos, cuyos nombres no hemos podido recoger.

En los diez años de existencia, se dio el caso curioso de que nunca fueron llamados, para actuar en la propia capitalidad del municipio.


CERDEDO

(1 851-1 955)

Cuando, procedente de Lugo u Orense, el automovilista llega a Folgoso, ya no tarda en conocer la villa de Cerdedo, que necesariamente ha de atravesar de arriba a abajo.

En esta montañesa localidad de la provincia de Pontevedra existió una agrupación bandística, desde los comienzos de las bandas de Galicia. En el año 1.851, comenzó a ser organizada, según documentos consultados, si bien no hemos podido conocer el nombre de su promotor. Años más tarde, ya se habla de un asturiano, llamado Serrador, -por ser éste su oficio- que dirige la banda y toca varios instrumentos. Fallece Serrador, y se hace cargo de la batuta Constante Paz, que no tarda en abandonar el cargo. Se suceden entonces varios directores, entre los que hay que destacar:

Francisco Cerdeira, Manuel García, José Benito García, y ya, por fin, Manuel Monteagudo Cadavid, más conocido por “Touqueira”, con quien la banda se deshace en 1 955.

Los componentes que la de Cerdedo tuvo en los últimos años de su existencia, son los siguientes:

Oboe: Manuel Rey.
Requinto: Traían a uno de La Estrada.
Clarinete: Sieiro/ Fortes/ Clemente/ Eladio/ Durán.
Fliscorno: Gerardo Lavandeira/ Troitiño/ “Limeres”.
Cornetín: Nicolás García (maestro nacional).
Saxo alto: José Durán/ Manuel García/ Varela de Melide.
” tenor: Luis Caramés (maestro nacional)
Trombón: Antonio Varela/ Enrique Monteagudo/ José Monteagudo/ Manolo Monteagudo (fillos do Touqueira).
Bombardinos: José Benito García/ Valentín Durán.
Bajo: Jesús Troutiño/ Lavandeira/ Jaime/ Pedre, o Manco (de la izquierda).
Bombo: Gervasio Bugallo/ Sieiro/ Secundino Horta.
Platillos: José Paz.
Caja: Jesús Troitiño/ Ismael/ David Paz

De todos los bombistas, excepto José Paz, ningún sabía solfeo, y sólo salían cuando la banda tenía que dividirse, para hacer tres o más fiestas a un tiempo.

Esta banda llegó a tener 30 componentes. En tiempos de la República, y por motivos políticos, se dividió en dos: la de Cerdeira y la de José Benito. Más tarde, llegaron de nuevo a juntarse ambas.

Uno de sus primitivos músicos, Bernardino Cachafeiro, contrajo matrimonio en 1 868 con una chica de Campo Lameiro, y en aquella villa, fundó otra banda que llegó a competir con la de Cerdedo, si bien las relaciones humanas entre ambas eran cordiales.

Los componentes que la de Cerdedo tuvo en los últimos años de su existencia, son los siguientes:

De todos los bombistas, excepto José Paz, ninguno sabía solfeo, y sólo salían cuando la banda tenía que dividirse, para hacer tres o más fiestas a un tiempo.

Atravesaban la montaña andando, hasta llegar a Barcia y Covela de Antas, tierra de Cambeses, y llegaron hasta Oitabén, ya cerca de Redondela. Llevaban siempre la comida, consistente en cinco libras de carne y una de jamón, y allá hacían el cocido en la taberna que hubiese. En Oitabén, la fiesta solía hacerla Cambeses. pero un año tuvo que faltar, y escribió a Touqueira, para que fuese a cubrirle el compromiso; Touqueira le aceptó. El fuerte de la de Cerdedo era la Misa; cantaban tres o cuatro, entre ellas, la de Revanello y la de Pío X. Touqueira había sido seminarista, y de esto sabía mucho, además de cantar muy bien. En Antas los estaba esperando un “práctido de Cambeses”, para conducirlos a Oitabén. Cambeses le había dicho a Touqueira que no llevara bombo, por haberlo allí, y luego resultó que tenía la piel rota. Gracias a un gaiteiro que, situado al lado de la banda, se encargó él mismo de darle el golpe para el remate.

“A xente dalí -nos contaron- tiña un baixo concepto dos músicos que sempre chegaban á parroquia cunha fardela e unhas faragullas, para comeren”. “pero aquil ano, os de Cerdedo chegaron cunha mula e unha perna de becerro inteira. Foron á taberna, e dixéronlle: Vosté poña o repolo e mailo unto e garbanzos, e fáganas ahí un bo cocido”. Tan pronto como los de la taberna observaron la abundancia y la pulcritud en el uniforme de los de Cerdedo, los subieron al cuarto-comedor en donde también comían los curas de la fiesta, porque antes, había comentado el dueño de la casa:

“Ista xente éche entre fina, e hai que levalos pra onde os curas”.

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